martes, 3 de noviembre de 2009

LOUIS XIV









VERSAILLES

carta natal
carta natal y tránsitos del día de su muerte
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Luis XIV

(Luis XIV, llamado el Rey Sol; Saint-Germaine-en-Laye, Francia, 1638-Versalles, id., 1715) Rey de Francia (1643-1715). Primogénito de Luis XIII y Ana de Austria, quien influyó decisivamente en su carácter y fue, al parecer, la responsable de su mediocre instrucción («Ni siquiera le enseñaron a leer y escribir correctamente», afirmaba el duque de Saint-Simon en sus memorias), subió al trono cuando tenía cinco años y durante su infancia reinó bajo la tutela de su madre y el gobierno de Mazarino.

Al morir éste, en 1661, asumió por completo sus funciones regias; de su padre había heredado el prurito de su grandeza y la idea del carácter divino de su poder. Un año antes, en 1660 había contraído matrimonio con la infanta española María Teresa, lo cual no le impidió tener varias amantes, entre ellas La Vallière, Montespan y Madame de Maintenon, con quien, tras enviudar, casó en secreto en 1680.

Instalado primero en Saint-Germain y más tarde en el imponente marco del palacio de Versalles, se rodeó de dóciles cortesanos, redujo a la nobleza, restó poder al Parlamento y el clero y centralizó la Administración pública mediante un complejo aparato burocrático.

Su ministro de Finanzas, Colbert, fue el artífice de la organización administrativa del Estado monárquico. Para hacer frente a los ingentes gastos de la corte, el rey controló la producción agraria y manufacturera y el comercio exterior, y aplicó una dura política impositiva. Todas las fuentes de recursos fueron orientadas hacia la hacienda pública. Al mismo tiempo, sus ministros Louvois y Le Tellier se ocuparon de reorganizar el ejército en un cuerpo regular, y Vauban, de construir un sistema defensivo basado en nuevas fortificaciones.

En el interior, la política del monarca se basó en la consolidación del absolutismo, identificando a la monarquía con el Estado. En el exterior, su máxima preocupación fue mantener el prestigio de Francia, por lo cual entró en la guerra de Devolución (1667-1668), sobre la base de los derechos que le correspondían a su esposa sobre Flandes, obteniendo Lille, y en la guerra de los Países Bajos (1672-1679), que afianzó la hegemonía francesa en Europa.

Su sueño era crear un bloquefranco español bajo el dominio borbónicoque terminara con el poder de los Habsburgo, principales rivales de Francia en Europa, desembocó en la guerra de Sucesión española (1700-1714), con motivo de la instauración de Felipe V, nieto de Luis XIV, en el trono español. Frente a sus aspiraciones se formó la Gran Alianza, integrada por Gran Bretaña, los Países Bajos y el Imperio Austríaco, que apoyaban las pretensiones del candidato Carlos de Austria al trono español. Tras un desarrollo incierto, el conflicto se resolvió con la aceptación de Felipe V por las demás potencias en los tratados de Utrecht (1713) y Rastadt (1714), aunque buena parte de los territorios españoles en Europa pasaron en compensación a su oponente, convertido en el emperador Carlos VI. Además, en dichos tratados se preveía la unificación de los reinos de España y Francia bajo la misma Corona.

Las ambiciones hegemónicas de Luis lo llevaron también a defender la autonomía de la Iglesia francesa frente al Vaticano y a afirmar su autoridad en el terreno religioso. Sus choques con el Papado no fueron obstáculo para que protegiera a los católicos y reprimiera a sus enemigos, quietistas, jansenistas y hugonotes. El enorme despliegue militar realizado ocasionó unos gastos exorbitantes que, sumados a los derivados del boato de la corte, fueron una de las causas que llevaron a una aguda crisis económica.

El final de su reinado estuvo marcado por los primeros síntomas de decadencia del régimen y de la corte, el declive de la hegemonía francesa en el continente, el fracaso de su política colonial y el inquietante malestar social surgido de las hambrunas que padecía el pueblo bajo. Sin embargo, el monarca, llamado vicediós por el obispo Godeau, siguió fiel a sí mismo y confiado hasta el día de su muerte en su voluntad como único motor de la vida del reino y de sus súbditos.

Habsburgo, principales rivales de Francia en Europa, desembocó en la guerra de Sucesión española (1700-1714), con motivo de la instauración de Felipe V, nieto de Luis XIV, en el trono español. Frente a sus aspiraciones se formó la Gran Alianza, integrada por Gran Bretaña, los Países Bajos y el Imperio Austríaco, que apoyaban las pretensiones del candidato Carlos de Austria al trono español. Tras un desarrollo incierto, el conflicto se resolvió con la aceptación de Felipe V por las demás potencias en los tratados de Utrecht (1713) y Rastadt (1714), aunque buena parte de los territorios españoles en Europa pasaron en compensación a su oponente, convertido en el emperador Carlos VI. Además, en dichos tratados se preveía la unificación de los reinos de España y Francia bajo la misma Corona.

Las ambiciones hegemónicas de Luis lo llevaron también a defender la autonomía de la Iglesia francesa frente al Vaticano y a afirmar su autoridad en el terreno religioso. Sus choques con el Papado no fueron obstáculo para que protegiera a los católicos y reprimiera a sus enemigos, quietistas, jansenistas y hugonotes. El enorme despliegue militar realizado ocasionó unos gastos exorbitantes que, sumados a los derivados del boato de la corte, fueron una de las causas que llevaron a una aguda crisis económica.

El final de su reinado estuvo marcado por los primeros síntomas de decadencia del régimen y de la corte, el declive de la hegemonía francesa en el continente, el fracaso de su política colonial y el inquietante malestar social surgido de las hambrunas que padecía el pueblo bajo. Sin embargo, el monarca, llamado vicediós por el obispo Godeau, siguió fiel a sí mismo y confiado hasta el día de su muerte en su voluntad como único motor de la vida del reino y de sus súbditos.

TRODUCCION

Luis XIV (1638-1715), rey de Francia (1643-1715), conocido como el Rey Sol, impuso el absolutismo y emprendió una serie de guerras con el fin de dominar Europa. Su reinado, el más largo de toda la historia europea, se caracterizó por un gran desarrollo de la cultura francesa.Perteneciente a la Casa de Borbón, era hijo del rey francés Luis XIII y de Ana de Austria, hija del monarca español Felipe III. Nació el 5 de septiembre de 1638, en Saint-Germain-en-Laye.

PRINCIPIO DE SU REINADO

Cuando en 1643 accedió al trono tras el fallecimiento de su padre, la esposa de éste, Ana de Austria, con la ayuda de su principal ministro, el cardenal de origen italiano Giulio Mazarino, gobernó Francia como regente. Tuvo tutores amables pero mediocres que le proporcionaron una educación pobre que fue ampliada personalmente por su madre, desde postulados católicos. Mazarino le instruyó en las costumbres de la corte, la guerra y el arte de reinar. El conjunto de rebeliones en contra de la monarquía que tuvo lugar entre 1648 y 1653 y ha pasado a ser conocido como La Fronda convenció a Luis XIV de la necesidad de imponer orden, estabilidad y reformas en Francia, además de provocar en él una profunda desconfianza hacia la nobleza.

De acuerdo con la Paz de los Pirineos, firmada con España en 1659, contrajo matrimonio un año después con su prima, la infanta María Teresa de Austria, hija del rey español Felipe IV y de Isabel de Borbón. Cuando en 1661 murió Mazarino, Luis XIV sorprendió a Francia al negarse a designar un nuevo primer ministro; decidió gobernar sin la existencia de un jefe de ministros y en 1665 eligió como ministro dedicado al control general de las finanzas a Jean-Baptiste Colbert, quien favoreció la industria nacional y las exportaciones al mismo tiempo que desde 1669, con su nuevo cargo de secretario de Estado para la Marina, reconstruyó la Armada francesa.

A pesar de su libertina juventud, Luis XIV demostró ser un rey entregado a las labores de gobierno. Todos los lunes, miércoles y sábados presidía las reuniones de una junta en la que él y un grupo escogido de ministros formulaban políticas que afectaban a la vida de sus 20 millones de súbditos. Desarrolló dos nuevos y eficaces instrumentos de poder: un cuerpo de diplomáticos profesionales y un Ejército permanente. A partir de 1682 pasó casi todo su tiempo en la localidad de Versalles, cerca de París, donde desde 1661 había ordenado la construcción de un magnífico palacio que se convertiría en uno de los principales monumentos arquitectónicos europeos.

GUERRAS EXTERIORES

En política exterior, el firme objetivo de Luis XIV fue el de engrandecer Francia, consolidar sus defensas en las fronteras septentrional y oriental e impedir cualquier incremento del dominio por parte de la Casa de Habsburgo, que anteriormente había amenazado a Francia desde dos frentes, debido al inmenso poder que ejercían sus miembros en tanto que reyes de España y emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. En cuatro guerras demostró a toda Europa su habilidad como jefe militar. En 1667, alegando el derecho hereditario de su esposa (ius devolutionis o derecho de devolución), Luis invadió los Países Bajos españoles, con lo que dio comienzo la llamada guerra de Devolución. Sus rápidas victorias obligaron en 1668 a Inglaterra, las Provincias Unidas y Suecia a unirse en la Triple Alianza para frenar a Francia y dieron lugar al Tratado de Aquisgrán, firmado en mayo de ese año. Luis XIV obtuvo doce fortalezas en Flandes y no tardó en aislar a los holandeses negociando la neutralidad inglesa y sueca. En 1672 lanzó un ejército contra las Provincias Unidas, dando así comienzo a la denominada guerra de Holanda. Durante seis años los holandeses, con la ayuda de España y del Sacro Imperio, rechazaron los ataques franceses. Los tratados firmados en Nimega en 1678 y 1679 no le proporcionaron los territorios españoles en los Países Bajos, pero concedieron a Luis XIV la región del Franco Condado y más fortalezas en Flandes.

Al mismo tiempo que sus ejércitos combatían a los protestantes holandeses, Luis negaba la libertad religiosa a los protestantes de Francia (hugonotes) y reforzaba el control sobre el clero católico. En 1685, decidido a lograr la conversión de los hugonotes, revocó su carta de libertades, el Edicto de Nantes, y envió a más de 200.000 al exilio, lo que daría paso desde 1702 a la rebelión de los camisards. Aunque la revocación fue aplaudida por sus súbditos católicos, endureció sus relaciones con la Europa protestante.

De otro lado, en 1684, un año después de la muerte de la reina María Teresa de Austria, Luis contrajo matrimonio morganático con una mujer piadosa pero de pasado oscuro, Françoise d'Aubigné, marquesa de Maintenon, quien le instó para que contuviera la inmoralidad que reinaba en la corte.

Demasiado confiado y mal asesorado, envió un ejército a Renania en 1688 con el fin de reclamar el Palatinado para su cuñada, Isabel Carlota de Baviera. La consiguiente guerra de la Liga de Augsburgo puso de manifiesto las graves deficiencias del Ejército de Luis XIV. A pesar de que sus tropas devastaron Renania, la Paz de Ryswick, acordada en septiembre de 1697, no mejoró las defensas francesas ni incrementó la gloria de la monarquía. Al mismo tiempo, en 1689 se produjo la formación de la conocida como primera Gran Alianza, que, encabezada por el rey británico Guillermo III de Orange, vio reconocidos en los acuerdos firmados en Ryswick los principios que habían llevado a su creación.

La última empresa militar de Luis XIV, la guerra de Sucesión española (1702-1714), se debió al apoyo dado a su nieto, Felipe V, como rey de España. Los ejércitos franceses, enfrentados a una alianza de potencias europeas (la denominada segunda Gran Alianza), perdieron casi todas las grandes batallas, pero lograron que el trono español fuera ocupado por la Casa de Borbón en la persona de Felipe V. De hecho, el principal Tratado de Utrecht (1713), que otorgaba a los británicos varios territorios franceses en Norteamérica, también reconocía a Felipe V como rey de España. Luis XIV gobernó una Francia harta de guerras hasta que su salud se quebró en 1715. A pesar de padecer fiebre y gangrena, reunió las fuerzas necesarias para decir su célebre frase: “Yo me voy, Francia se queda”, antes de morir el 1 de septiembre de 1715, en Versalles. Le sucedió en el trono su bisnieto, Luis XV.

Luis XIV no logró poner fin a las tensiones entre una elite gobernante, entregada al trabajo, y una sociedad estamental, basada en privilegios hereditarios, lo cual explica muchos de los fracasos de su reinado. Sin embargo, su plena dedicación a las tareas de gobierno y su larga duración en el desempeño de la monarquía convirtieron a Francia en el modelo burocrático de la Europa absolutista del siglo XVIII.

MECENAS CULTURAL

Similar a su búsqueda de gloria en la guerra fue su mecenazgo en el campo de las artes. Molière y Racine escribieron obras de teatro que fueron representadas en su corte. Las pinturas de maestros franceses, entre los que cabe mencionar a Hyacinthe Rigaud, decoraban sus palacios, donde la música de Jean Baptiste Lully amenizaba a sus invitados. Luis XIV fundó las academias de Pintura y Escultura (1655), de Ciencias (1666) y de Arquitectura (1671), y en 1680 creó la Comédie-Française. Su gran palacio de Versalles constituía el marco ideal para su lujosa corte.

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