viernes, 22 de enero de 2010

LOUIS XVI









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tránsitos del día de su ejecución hora 10h.15'
21 de enero de 1793
http://www.scribd.com/doc/7345338/La-Muerte-de-Luis-Xvi

http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_XVI_de_Francia

Luis XVI (Versalles, 23 de agosto de 1754París, 21 de enero de 1793), fue rey de Francia y de Navarra entre 1774 y 1789 y rey de los franceses entre 1789 y 1792, que ostentó el título de duque de Berry. Fue arrestado durante la Insurrección del 10 de agosto (ver Revolución Francesa), juzgado por la Convención Nacional, declarado culpable de traición y condenado a la guillotina el 21 de enero de 1793. Su ejecución marcó el fin de la monarquía absolutista en Francia.

Luis XVI fue el tercer hijo de Luís Fernando, Delfin de Francia y María Josefina de Sajonia. La segunda esposa de Delfín era hija de Federico Augusto III de Polonia, Rey de Polonia. Su padre murió joven y nunca llegó a reinar por lo que la descendencia pasó a Luis, que sucedió así a su abuelo Luis XV. A los 15 años, fue operado de fimosis, problema que le afectaba. Su padre no se ocupó de su educación, la cual le fue confiada al Duque de La Vauguyon. La educación de Luis se centró más en las artes y las ciencias que en lo necesario para gobernar un país, debido en parte al duque de La Vauguyon y en parte a los intereses personales de Luis, el cual tenía gran interés por materias como la geografía o la historia. Luis demostró tener una gran capacidad para el estudio y una gran memoria. De hecho, fue el primer rey francés en saber inglés.

El 16 de mayo de 1770 contrajo matrimonio con María Antonieta, hija de Francisco de Lorena (Francisco I de Austria) y de María Teresa I de Austria, de la casa de los Habsburgo y aunque fuera un matrimonio concertado Luis llegó a querer mucho a María Antonieta, llegando a decirle cariñosamente «¿Pero tú me quieres?». Fue un padre muy afectuoso; cuando Luis José enfermó visitaba al niño cinco o seis veces al día y en la Prisión del Temple asumió la educación de su hijo Luis Carlos. María Antonieta sería su única esposa, con la que tuvo cuatro hijos:

Tras la muerte de su abuelo Luis ascendió al trono francés, coronándolo en la catedral de Reims el 11 de junio de 1775 con una nueva corona, con rubíes, zafiros y el diamante más fino del mundo, El Regente. Con el nombre de Luis XVI. Tenía en ese momento veinte años.

Primeros años de reinado

El comienzo del reinado de Luis sufrió un grave contratiempo con la restauración de los Parlamentos, decisión tomada por el ministro Marepas en noviembre de 1774. Los Parlamentos, centro del poder aristocrático, habían sido abolidos en el año 1771 por el ministro de Luis XV, Maupeou. Su recuperación ponía en entredicho el poder de la monarquía y daría pie a sucesos posteriores.

Los ministros de Luis al comienzo de su reinado: Turgot y Malesherbes llevaron a cabo unas reformas económicas liberales que modificara el viejo colbertisme por un sistema de mercado libre. Dichas reformas conmocionaron a las clases favorecidas económicamente, la nobleza y el clero, que, además, formaban los recién restaurados Parlamentos. La oposición de éstos a las reformas económicas finalizó con el despido de Turgot y a la dimisión de Malesherbes en 1776, el cual fue sustituido por el banquero suizo Jacques Necker.

La Guerra de la Independencia

Tras la victoria de los independentistas norteamericanos sobre los británicos en la batalla de Saratoga, Francia y España vieron una oportunidad para tomarse la revancha de la Guerra de los Siete Años y su desastroso, para los franceses, Tratado de París de 1763. Por ello, Luis apoyó firmemente a la Revolución Americana. Esta medida iba, inicialmente, en contra de los intereses del país, que estaba en una difícil situación económica, ya que apoyar una guerra resultaría muy costoso. Las posibilidades de recuperar el esfuerzo económico de la guerra en una paz victoriosa se vieron frustrados con el Tratado de Versalles de 1783 en el cual los franceses no consiguieron grandes aportaciones, aumentando así la deuda estatal. Necker dimitió en 1781 y fue sustituido por Calonne y Brienne, para ser restituido en 1788.

La Revolución

Los intentos de Calonne de seguir en la línea de sus predecesores y organizar una serie de reformas económicas necesarias para sacar al estado de su precaria situación económica se encontraron, como en ocasiones anteriores, con el rechazo frontal de las clases privilegiadas. El reinado de Luis y su política poco firme había propiciado un incremento del poder aristocrático, el cual había dificultado el llevar a cabo las reformas necesarias tanto en aspectos económicos como judiciales.

En 1787, los Parlamentos se habían convertido en un órgano de poder que llegó incluso a desacatar las órdenes reales. Luis reaccionó reformando el Parlamento, limitando mucho sus funciones. En 1789, la resistencia a la reforma económica llevó a Luis a convocar los Estados Generales por primera vez desde 1614. Pretendía así conseguir aprobar las reformas económicas, dotando de mayor poder al Tercer Estado, para hacer frente así a la oposición de la nobleza. Esta convocatoria fue uno de los acontecimientos que llevaron a convertir el malestar social en la Revolución Francesa, la cual comenzó en junio de 1789. El Tercer Estado se autoproclamó Asamblea Nacional. Los intentos de Luis de tomar el control de la Asamblea dieron lugar a reacciones antimonárquicas como el Juramento del Juego de Pelota, la declaración de la Asamblea Nacional Constituyente el 9 de julio y la Toma de la Bastilla el 14 de julio. En octubre, la familia real fue trasladada del Palacio de Versalles al Palacio de las Tullerías.

Luis era muy popular y solícito con las reformas sociales, políticas y económicas propuestas por la Revolución. Los principios revolucionarios de soberanía popular, a través de los principios centrales y democráticos de eras posteriores marcó una brecha decisiva con los principios de trono y altar de la monarquía absolutista, los cuales eran el centro del gobierno contemporáneo. Esta diferencia resultaría en una oposición de los revolucionarios a cualquier forma de élite gobernante en Francia y, prácticamente, a casi todos los gobiernos europeos. Sin embargo, algunos de los personajes más destacados del movimiento revolucionario inicial fueron cuestionando los principios del control popular del gobierno. Algunos, entre los que destaca Honoré Mirabeau, hicieron planes secretos para restaurar el poder monárquico de una nueva forma.

Regreso de Luis a París tras su captura en Varennes.

Sin embargo, la muerte de Mirabeau y las depresiones de Luis acabaron con las posibilidades de restaurar la monarquía. Luis no era, sin embargo, tan reaccionario como alguno de sus hermanos, el conde de Artois y el conde de Provenza, a los que mandó numerosos mensajes, públicos y privados, para que cesaran en sus intentos de hacer un contragolpe de estado. Sin embargo, Luis se sentía molesto por el nuevo gobierno, principalmente por su cuestionamiento del papel tradicional de la monarquía y el trato que recibían él y su familia. Estaba especialmente molesto por estar, en la práctica, prisionero en las Tullerias, donde su mujer era humillada al tener que tener siempre soldados revolucionarios vigilándola en su habitación, incluso cuando dormía, y por la prohibición del nuevo régimen de permitirle tener un confesor y sacerdotes católicos de su elección, en vez de los "sacerdotes constitucionales" creados por la Revolución.

Fin de su reinado

Ejecución de Luis XVI.

El 21 de junio de 1791, Luis intentó huir de París a la actual Bélgica (en aquellos días parte del Sacro Imperio Romano Germánico) con su familia. Sin embargo, fallos en la planificación de la huida causaron el suficiente retraso para que pudieran ser identificados y capturados en Varennes. Supuestamente, Luis fue capturado mientras estaba comprando en una tienda, en la que su dependiente le reconoció por su cara inscrita en las monedas con las que pagó. Luis fue trasladado de vuelta a París, donde continuó como Rey constitucional, aunque bajo arresto domiciliario hasta 1792.

El 25 de julio de 1792, Carlos Guillermo Fernando, Duque de Brunswick, comandante de las fuerzas prusianas, publicó un manifiesto (el llamado Manifiesto de Brunswick) que amenazaba a los parisinos con una venganza ejemplar si la familia real recibía algún daño, amenazando también con castigar cualquier tipo de oposición a los ejércitos prusianos o a la reinstauración forzada de la monarquía. El manifiesto fue considerado como la prueba definitiva de que existía una conspiración entre Luis y fuerzas extranjeras (en este caso Prusia) en contra de Francia. Luis fue arrestado oficialmente el 13 de agosto de 1792. El 21 de septiembre de ese mismo año, la Asamblea Nacional declaró la República en Francia.

El proceso contra Luis comenzó el 1 de diciembre de 1792, bajo cargos de alta traición. Fue sentenciado a muerte en la guillotina el 21 de enero de 1793, por 361 votos a favor (uno de los cuales era de su primo Felipe Igualdad), 288 en contra y 72 abstenciones.

Despojado de todos sus títulos por el gobierno republicano, el Ciudadano Luis Capeto, llamado así por los revolucionarios para quitarle su rango de rey, fue guillotinado frente a una multitud embravecida. A su muerte, su hijo de ocho años, Luis Carlos, se convirtió, para los monárquicos franceses y algunos estados extranjeros, en Luis XVII, rey de Francia de jure, a pesar de que Francia había sido declarada república.


http://es.wikisource.org/wiki/Luis_XVI_(Juicios)

LUIS XVI, Rey de Francia.


Hubiera sido el más ejemplar de los particulares; pero también ha sido un triste Rey. Desde el principio de la revolución parece que tuvo constantemente a su vista la vida de Carlos I. El ejemplo de este Rey, que después de haber tocado los extremos más importunos con el Parlamento, concluyó con perder la cabeza, impidió a Luis XVI, en varias ocasiones, el oponerse a los esfuerzos de los revolucionarios. Cuando se le puso en juicio, debió decir simplemente, que según las leyes no podía hacer ningún mal, y que su persona era sagrada. Lo mismo debió haber hecho la Reina. Esto no le hubiera salvado la vida, mas hubieran muerto con más dignidad. Condenamos a Luis XVI; pero prescindiendo de su debilidad, ha sido el primer príncipe atacado. Este es aquel sobre el cual se ensayaban los nuevos principios. Su educación, sus ideas innatas le hacían creer de buena fe, que le pertenecía todo aquello que quería defender públicamente, o en secreto. Aun en la falta a sus promesas, podía considerarse una especie de buena fe, si es que se puede hablar así... Añádase a esto, que Luis XVI tenía todo el mundo contra él, y se podrá formar una idea de las dificultades innumerables que la fatalidad parece que se regocijó en acumular sobre este príncipe desdichado. El destino de los Estuardos, de que se ha hablado tanto, no ha sido más infeliz. L. C. — O.


  1. Este príncipe nació en 1754. Condenado a muerte por la convención nacional, fue ejecutada la sentencia el 21 de Enero de 1793. Luis XVI murió con un valor heroico.
http://louis-xvii-of-france.blogspot.com/

TESTAMENTO DE LOUIS XVI
En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Hoy, dia 25 de diciembre de 1792, yo, Louis XVI Rey de Francia, estando ya más de cuatro meses prisionero con mi familia en la Torre del Temple en Paris, por aquellos que fueron mis vasallos, y privado de toda comunicación, aun con mi familia hasta el más pequeño instante, mas aun, puesto en un proceso cuyo fin me es imposible ver, un recuento de las pasiones del hombre, y para el cual uno no puede encontrar ni pretexto ni medios en ninguna ley existente y no teniendo mas testigos para mis pensamientos que Dios a quien me puedo dirigir
Por lo tanto aquí declaro en Su presencia, mis últimos deseos y sentimientos.
Entrego mi alma a Dios, mi creador; le ruego la reciba en Su Misericordia y no juzgarla según sus méritos sino según aquellos de Nuestro Señor Jesucristo que se ha ofrecido a Si Mismo como sacrificio a Dios Su Padre por nosotros los hombres, sin importar cuan insensibles seamos, siendo yo el primero.
Muero en comunión con Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana que tiene la autoridad por sucesión ininterrumpida desde San Pedro, a quien Jesucristo se la confió, creo firmemente y confieso que todo lo que está contenido en el credo y los mandamientos de Dios y la Iglesia, los sacramentos y los misterios, aquellos que enseña la Iglesia Católica y siempre ha enseñado. No pretendo erigirme en juez de las maneras de exponer el dogma que desgarra a la Iglesia de Jesucristo, pero estoy de acuerdo y siempre estaré de acuerdo, si Dios me concede vida, con las decisiones que los superiores eclesiásticos de la Santa Iglesia Católica den y siempre darán, en conformidad con las disciplinas que la Iglesia ha seguido desde Jesucristo.
Me causan compasión con todo mi corazón nuestros hermanos que pueden estar en el error pero no busco juzgarlos, y no los amo menos en Cristo, como nuestra caridad Cristiana nos lo enseña, y ruego a Dios perdone todos mis pecados. No pudiendo obtener el auxilio espiritual de un sacerdote Católico, ruego a Dios recibir mi confesión que siento al haber puesto mi nombre (aun cuando fue en contra de mi voluntad) en actos que podrían ser contrarios a la disciplina y la creencia de la Iglesia Católica, a la que siempre he quedado sinceramente leal. Suplico a Dios recibir mi firme resolución, si El me concede vida, de tener el auxilio espiritual de un sacerdote Católico, en cuanto pueda, con el fin de confesar mis pecados y recibir el sacramento de la penitencia.
Les suplico a todos a los que pudiera haber ofendido aun sin advertirlo (pues no recuerdo haber ofendido a nadie a propósito) o aquellos a los que haya podido darles mal ejemplo o escándalos, que perdonen el mal que creo pude haberles causado.
Imploro a aquellos que tengan la amabilidad de unir sus oraciones a las mías, de obtener el perdón de Dios por mis pecados.
Perdono con todo mi corazón a los que se convirtieron en mis enemigos, sin haberles dado yo una causa, y ruego a Dios los perdone, así como a aquellos que, por su falso celo o malentendido, me hicieron mucho daño.
Pongo en manos de Dios a mi esposa y a mis hijos, a mi hermana, a mis tías, a mis hermanos y a todos aquellos que estén ligados a mi por los lazos de la sangre o por otros medios. Ruego a Dios, particularmente, mirar con ojos compasivos a mi esposa, a mis hijos y a mi hermana que han sufrido conmigo por tanto tiempo, de sostenerlos con Su Misericordia si me perdieran y por todo el tiempo que duren en este mundo mortal.
Recomiendo mis hijos a mi esposa, nunca he dudado de su ternura maternal por ellos. Le ordeno a ella sobre todo hacer de ellos buenos Cristianos e individuos honestos, para hacerles ver las grandezas de este mundo (si es que están condenados a experimentarlas) como bienes muy peligrosos y transitorios, y volcar su atención hacia la única gloria sólida y duradera, la eternidad. Suplico a mi hermana para que amablemente continúe su ternura hacia mis hijos y tomar el lugar de su madre, si tuvieran ellos la mala fortuna de perderla.
Suplico a mi esposa perdonarme por todo el dolor que ella ha sufrido por mi causa, y los dolores que pude haberle causado en el curso de nuestra unión, y que ella se sienta segura de que no tengo nada en contra de ella, si es que ella tuviese algo de qué reprocharse a sí misma.
Y más que nada, cálidamente, les ordeno a mis hijos que, después de lo que ellos le deben a Dios, que debe estar primero que todo, deben quedar siempre unidos entre ellos, sumisos y obedientes a su madre y agradecidos por todo el cuidado y preocupación que ella ha tenido para con ellos así como en recuerdo mío. Les pido considerar a mi hermana como a su segunda madre.
(PARA LUIS CARLOS)
Exhorto a mi hijo, si es que él tuviese la desgracia de convertirse en rey, recordar que primero que nada se debe a sí mismo por entero a la felicidad de sus conciudadanos, que olvide todos los odios y todos los rencores, particularmente los que tengan que ver con las desgracias y penas que estoy experimentando, que él pueda hacer al pueblo feliz gobernando solo de acuerdo a las leyes pero que al mismo tiempo recuerde que un rey no puede hacerse respetar y hacer el bien que está en su corazón a menos que tenga la necesaria autoridad, y que de lo contrario, estando empeñado en sus actividades y no inspire respeto, es mas dañino que útil.
Exhorto a mi hijo para que cuide de todas las personas que están ligadas a mí, tanto como las circunstancias lo permitan, recordar que es una deuda sagrada la que he contraído hacia los hijos y parientes de aquellos que han perecido por mí y también los que se encuentran en desgracia por mi. Sé que hay muchas personas, entre aquellos que estuvieron cerca de mí, que no se condujeron hacia mi como deberían haberlo hecho y que hasta han mostrado ingratitud, pero los perdono (frecuentemente en momentos de preocupación y agitación uno no es dueño de uno mismo) y le pido a mi hijo que, si encuentra la ocasión, debe pensar solo en sus infortunios.
Hubiera querido mostrar aquí mi gratitud a aquellos que me dieron un afecto verdadero y desinteresado, si, por un lado, fui profundamente lastimado por la ingratitud y deslealtad de aquellos a los que siempre mostré bondad, así como a sus parientes y amigos, por otro lado, he tenido el consuelo de ver el afecto y el interés voluntario que muchas personas me han demostrado. Les pido reciban mi agradecimiento.
En la situación en la que las cosas se encuentran, temo comprometerlos si hablo mas explícitamente, pero especialmente ordeno a mi hijo buscar la ocasión de reconocerlos.
Debo, sin embargo, considerar una calumnia sobre la nación si no recomendara abiertamente a mi hijo, a los señores De Chamilly y Hue, cuyo genuino apego a mi, los llevó a tomar la prisión voluntariamente conmigo en esta triste situación. También recomiendo a Cléry, por cuyas atenciones no tengo más que alabanzas desde que ha estado conmigo. Ya que es él quien ha quedado conmigo hasta el fin, suplico a los caballeros de la comuna le entreguen mis ropas, mi reloj, mi bolso, y otros efectos pequeños que haya depositado con el consejo de la comuna.
Perdono de nuevo de todo corazón a aquellos que me vigilan, el mal trato y las vejaciones que ellos creyeron necesario imponerme. Encontré unas pocas almas sensibles y compasivas entre ellos – que disfruten en su corazón la tranquilidad que su modo de pensar les da.
Pido a los señores De Malesherbes, Tronchet y De Seze recibir todo mi agradecimiento y las expresiones de mis sentimientos por todas sus atenciones y preocupaciones por mi.
Termino declarando ante Dios, y listo para presentarme ante El, que no me reprocho ninguno de los crímenes que se me imputan.
Hecho en duplicado en la Torre del Temple, el 25 de diciembre de 1792.

LOUIS
(Archivos Nacionales, Paris, fechado 25 diciembre 1792, entregado por el Rey a M. Baudrais, un funcionario municipal, el 21 de enero de 1793, momentos antes de salir al lugar de ejecución. Baudrais lo firmó de inmediato con su nombre para autentificarlo y lo depositó en la comuna donde fue firmado y certificado por Coulommeau, el secretario y Drouel, el vice-presidente).
El Rey hizo entrega de este documento, su sello, su anillo de matrimonio y las guedejas de cabello de su familia a un funcionario de la comuna (M. Baudrais), suplicando se le hiciera llegar a su esposa la Reina María Antonieta, y el sello le fuera entregado a su hijo, Luis Carlos. Ultimo deseo que no se cumplió jamás.-




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